CAPÍTULO 1 - LA GRADUACIÓN (I)
(17 de Mayo de 1674, 08:00)
Eran las ocho de la mañana y la luz del Sol comenzaba a entrar por la ventana. Comenzaba así un día brillante, como también lo sería el futuro de Eiden cuando esa tarde se graduase en la Academia Militar de Börstad.
Börstad era un pequeño pueblo ubicado a unos 5 kilómetros al oeste de la costa. Un frondoso bosque lleno de vida y color cubría todo el norte, mientras que hacia el sur se alzaban diversas colinas desde las que podían observarse todos sus rincones. Börstad apenas tenía un centenar de habitantes y sus servicios eran escasos. Había una iglesia, un orfanato y varios comercios locales, pero lo que más llamaba la atención era su Academia Militar, que atraía a jóvenes de pueblos cercanos que soñaban con unirse al ejército real. Sin embargo, hacía tiempo que no enviaban nuevos instructores y solo quedaban algunos veteranos que, aun débiles de salud, seguían compartiendo sus conocimientos con todos ellos.
Eiden vivía en una pequeña casa a las afueras. Se ubicaba al noreste, aproximadamente a un kilómetro del resto de la población. Era un lugar aislado y tranquilo con excelentes vistas del pueblo. Además, a lado y lado de la casa se extendía el bosque, por lo que había crecido rodeado de naturaleza y siempre le había encantado ese lugar. Tras la muerte de sus padres cuatro años atrás, su única compañía en esa vieja casa llena de recuerdos era su hermana Alysa, a quien juró proteger el resto de su vida ahora que solo se tenían el uno al otro.
Con eso en mente, entrenó sin descanso hasta que logró superar las pruebas de acceso de la Academia Militar. Después de un año enfrentándose a duras clases y ejercicios, habiendo derramado sangre, sudor y lágrimas por el camino, hoy era el esperado día en el que finalmente sería recompensado por todo el tiempo y esfuerzo que había dedicado a convertirse en alguien fuerte y fiable capaz de proteger a los demás. Sin embargo, a Eiden le esperaba una desagradable sorpresa que nunca se hubiera imaginado...
- ¡¡¡HERMANO!!!
Él se dirigía a la cocina para desayunar pero, al oír que su hermana Alysa lo llamaba, cambió de rumbo en dirección a su habitación. Al llegar, la encontró tumbada en su cama con una clara expresión de malestar.
- No me encuentro bien...
Inmediatamente, se sentó a un lado de la cama preocupado por su estado de salud.
- Espero que no hayas enfermado...
Eiden puso su frente contra la de su hermana, tratando de averiguar si le había subido la temperatura.
- No parece que tengas fiebre... Lo mejor será que hagas reposo todo el día y seguro que mañana te encontrarás mejor.
Con un cierto nerviosismo, Alysa replicó:
- ¡NO! ¡Esta tarde te gradúas en la Academia Militar y quiero ir a verte! ¿No podrías prepararme algún remedio como los que solía hacer mamá?
Eiden entendía el sentimiento de su hermana, pero durante la mañana se iban a celebrar distintas actividades conmemorativas en la plaza del pueblo en las cuales tenía pensado participar junto a sus compañeros de promoción.
- Lo siento, pero tendrás que quedarte aquí. Elistard y los demás me esperan en el pueblo para asistir a los actos previos de la mañana.
Elistard era un chico bastante corriente de cabello castaño y ojos marrones. Sin embargo, su alta capacidad de aprendizaje y sus habilidades de combate lo habían convertido en el mejor de su curso. Era un bonachón y la mayoría de sus compañeros le respetaban, pero también había quienes, precisamente por su buena fe, se aprovechaban de él y le encasquetaban tareas que no le pertenecían.
- Elistard es... En fin, Elistard. Aun siendo también un día especial para él seguro que ya está en la plaza ayudando con los preparativos. Todos estarán entretenidos y el único evento que requiere tu presencia es la entrega de diplomas que se hará a media tarde. No pasará nada si te atrasas un poquito ahora...
Quizás tenía razón, pero hoy era su día y quería estar allí de buena mañana para disfrutar del ambiente y la compañía. Es por eso que, con delicadeza, trató de disuadir a su hermana.
- Me sabe mal por ti, pero...
Alysa era consciente de que Eiden, como su hermano, sentía una gran debilidad por ella y estaba dispuesta a aprovecharlo para conseguir su propósito. Es por eso que, mirándole fijamente, comenzó a hacer pucheros para ablandarle el corazón.
- ¡Por favor, hermanito! ¡Me haría mucha ilusión acompañarte un día tan importante!
Aunque sabía que Alysa solo intentaba darle pena, el amor por su hermana acabó pudiendo con él.
- Bueno... Cuando me haya preparado iré a recoger algunas hierbas medicinales al bosque...
Alysa sonrió victoriosa y se acurrucó en la cama esperando a que su hermano se fuese. Eiden soltó un suspiro de resignación y comenzó a caminar hacia la cocina.
- ¿Quieres algo para desayunar?
Alysa removió las sábanas y, asomando un poco la cabeza, respondió:
- No te preocupes por mí, ya comeré algo mientras estés fuera.
Aunque en un día tan especial le hubiera gustado desayunar con ella, Eiden no insistió y lo aceptó con resignación.
- Bueno, vale...
Eiden se sirvió un vaso de leche acompañado de una rebanada de pan. Su situación económica era complicada y no abundaba la comida en casa. Desde que sus padres no estaban habían tenido que buscarse la vida ellos mismos. Hicieron un pequeño huerto en el jardín que les permitió cultivar algunos alimentos con los que sobrevivir, pero no era suficiente.
Los primeros meses no fueron tan duros gracias a los ahorros de sus padres, pero el dinero pronto escaseó. Alysa comenzó a trabajar en la taberna del pueblo para conseguir algunos ingresos, pero esa no era la vida que Eiden quería para ella. Es por eso que decidió inscribirse en la Academia Militar para más adelante poder unirse al ejército real y dejar atrás los días de miseria.
Acabado el desayuno, Eiden recogió la cocina y se encerró unos minutos en su habitación para ponerse el uniforme de la Academia. Después, fue al baño y se arregló el alborotado peinado con el que se había levantado. Al igual que su hermana, los ojos de Eiden eran verdes y su cabello tenía un bonito color caoba, siendo un chico bastante apuesto. Sin embargo, siempre estaba tan centrado en el entrenamiento que su apariencia quedaba en segundo plano. Pero hoy era un día especial, así que dedicó un buen rato a arreglarse para la ocasión. Hecho esto, ya estaba preparado para salir así que se dirigió a la habitación de su hermana para despedirse de ella.
- Alysa, salgo ya. ¡Tú asegúrate de descansar mientras esté fuera!
Envuelta en las sábanas, ella respondió bien alto con voz alegre:
- ¡SÍÍÍ!
En cuanto escuchó el ruido de la puerta al cerrarse, Alysa echó las sábanas a un lado y se levantó de la cama. Con pasos lentos caminó hasta la ventana de su habitación, desde la cual pudo ver a Eiden alejarse poco a poco de allí. Unos segundos después apartó la mirada y suspiró con tristeza, aunque también aliviada, preocupada por la terrible amenaza que pronto acabaría con la pacífica vida que tenían en Börstad.
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CAPÍTULO 1 - LA GRADUACIÓN (II)
Eiden había dejado atrás su pequeña casa de madera para adentrarse en el bosque que la rodeaba. Si iba hacia el este podría disfrutar de unas preciosas vistas a la costa mientras buscaba las hierbas, pero optó por ir en la dirección contraria, al oeste, ya que en esa zona sabía de varios lugares en los que crecían una mayor variedad de hierbas que podrían serle útiles en esta ocasión.
Con él llevaba el libro de hierbas medicinales de su difunta madre, quien fue una conocida curandera capaz de sanar hasta la más desconocida enfermedad. Sus remedios salvaron las vidas de muchos residentes del pueblo, los cuales siempre se mostraron muy agradecidos con ella. Incluso después de su muerte, algunos seguían ayudando a Eiden y Alysa como buenamente podían viendo en ellos el reflejo de aquella gran mujer. Sin embargo, su madre se convirtió rápidamente en una persona muy conocida por sus increíbles milagros, despertando envidia y suspicacia en algunas familias de clase alta que pronto comenzaron a acosarla y a llamarla bruja.
La tensión comenzó a crecer en las calles de Börstad debido a los rumores esparcidos sobre ella, situación que llevó a su marido a querer trasladar la casa a las afueras. Las malas lenguas siguieron hablando mal sobre ella, pero alejándose del pueblo la familia pudo continuar con su pacífica vida. Su recuerdo seguía vivo en los corazones de aquellos quienes la aceptaron, pero también en las completas anotaciones de su libro que ahora ayudarían a Eiden a encontrar algunas hierbas útiles para que su querida hermana Alysa se encontrara mejor.
- Creo que Alysa no tiene nada grave, así que con algún pequeño remedio que le aporte energía debería ser suficiente...
Eiden revisó detenidamente el libro en busca del remedio más adecuado y rápido de preparar.
- Mmm, creo que este servirá. Necesitaré un poco de menta, salvia y romero. Me suena que por esta zona crecían, así que no debería tardar en encontrarlo todo. Igualmente, ya que estoy aquí, creo que cogeré algunas hierbas más para curarme las heridas que suelo hacerme durante los entrenamientos.
Después de una fructífera búsqueda, Eiden decidió tomarse un pequeño descanso bajo la sombra de un árbol.
- Madre... Padre... Espero que allí donde estéis podáis ver el hombre en el que me he convertido...
Eiden se sentía nostálgico. Era un día importante para él, y tener en sus manos el viejo libro de su madre le había traído recuerdos.
- En fin, ya va siendo hora de volver. Los actos de celebración habrán empezado ya y debería estar en la Academia Militar con mis compañeros. Me daré prisa en prepararle el remedio a Alysa y saldremos en cuanto esté lista.
De repente, se escuchó a lo lejos un fuerte ruido y una descontrolada multitud de animales salvajes cruzó frente a él como si estuvieran huyendo de algo.
- ¿Qué estará pasando? Estos animales eran muy tranquilos. Además, me preocupa ese extraño ruido...
Entre tanto alboroto, Eiden escuchó una voz conocida.
- ¡EIDEN! ¿ERES TÚ?
Rápidamente giró la cabeza hacia aquella voz y se dio cuenta de que los gritos provenían de Marie, una buena amiga de la infancia cuya familia era una de las más adineradas del pueblo.
- ¿Marie? ¿Qué estás haciendo aquí?
Con claros signos de cansancio, Marie se detuvo frente a él y exclamó:
- ¡ES TERRIBLE! ¡EL PUEBLO ESTÁ EN LLAMAS!
Eiden quedó impactado por esas preocupantes palabras pero pronto lo relacionó con el extraño ruido que había oído antes. Marie, muy agitada, continuó explicando:
- Yo estaba saliendo del pueblo cuando todo ha empezado, pero el incendio se ha extendido deprisa y la situación es crítica. ¿Alysa está bien? ¡Me teníais preocupada!
Aunque comprendió que debían ir urgentemente al pueblo, Eiden primero intentó tranquilizar a Marie explicándole que tanto Alysa como él estaban a salvo del peligro.
- Sí, sí... Alysa está en casa porque se encuentra mal, así que no debería haber ningún problema. Precisamente yo he venido al bosque para recoger algunas hierbas medicinales.
Extrañada con su respuesta, Marie insistió:
- ¿Estás seguro? Mientras os buscaba me acerqué allí y no me pareció que estuviera...
La expresión de Eiden fue cambiando a medida que Marie hablaba, mostrándose cada vez más nervioso. Mientras, ella continuó:
- Golpeé varias veces la puerta y grité vuestros nombres tan fuerte como pude, pero nadie respondió. Es por eso que imaginé que podíais estar en el bosque.
Eiden no entendía nada de lo que estaba ocurriendo. Su hermana le preocupaba, pero también debía ayudar a contener el grave incendio que estaba devorando Börstad.
- Bueno, por ahora debemos ir al pueblo para ayudar en lo que podamos. Con un poco de suerte, Alysa también estará allí...
Marie también estaba muy preocupada por Alysa, pero la conocía bien y sabía que podría apañárselas por su cuenta.
- Tu hermana es una chica inteligente, seguro que sabrá lo que debe hacer. ¡Vamos!
Con determinación, Eiden guardó la pequeña bolsa de hierbas medicinales que había recogido para Alysa en el bolsillo de la chaqueta de su uniforme y emprendió junto a Marie el camino hacia el pueblo.
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CAPÍTULO 1 - LA GRADUACIÓN (III)
( . . . )
La columna de humo se hacía más grande a medida que avanzaban. Al salir del bosque, Eiden se detuvo para observar los alrededores con la esperanza de encontrarse con su hermana. Su casa quedaba a poco más de un centenar de metros de ellos, pero volver no era una opción. En ese momento la prioridad era otra.
- ¡Deprisa, Eiden! El fuego parece estar extendiéndose y si tardamos demasiado no quedará nada cuando lleguemos.
El estado de Alysa era motivo de preocupación para ambos, pero Marie también tenía sus propias razones de peso para querer volver al pueblo cuanto antes.
- Lo sé, Marie... ¿Tus padres siguen allí, verdad?
Tras asentir con la cabeza, le explicó a Eiden la escasa información que tenía sobre ellos en medio de aquella situación tan complicada.
- Mi padre tenía una reunión de negocios en otra ciudad y una diligencia pasó a recogerlo de madrugada, así que ahora mismo debería estar lejos de aquí. Mi madre, en cambio, estaba en la plaza participando en los actos de la Academia...
La voz de Marie se rompía poco a poco mientras hablaba, así que Eiden intentó tranquilizarla con unas palabras esperanzadoras.
- No te preocupes, seguro que pronto podremos reunirnos tanto con ella como con Alysa....
Sin embargo, él tampoco podía ocultar su nerviosismo al desconocer el paradero de su hermana. Dándose cuenta de que esta situación tampoco era agradable para Eiden, Marie trató de mostrarse serena.
- ¡Mira, Eiden! ¡Ya casi estamos en el pueblo!
Ambos siguieron corriendo con todas sus fuerzas pero, cuanto más se acercaban, peor parecía la situación. De repente, Marie aflojó el ritmo hasta que sus pasos se detuvieron a pocos metros de la entrada del pueblo. Por sus sofocadas mejillas habían comenzado a caer lágrimas que hicieron visible la profunda tristeza que sentía.
- Esto... Esto es terrible, Eiden... Mi madre quizá...
Lo único que Eiden pudo hacer en ese momento fue abrazar a su buena amiga mientras ésta rompía a llorar.
- Vamos, Marie... Tranquila...
Dejando un momento a solas a Marie, Eiden caminó de lado a lado buscando desde la distancia algún superviviente. De repente, vislumbró un pequeño grupo de personas que se alejaba de allí caminando hacia las afueras del pueblo.
- ¡MARIE! ¡ALLÍ!
Levantando la mirada, Marie vio al grupo y se incorporó rápidamente con la esperanza de que su madre estuviera entre esas personas.
- ¡Corre, Eiden! Alysa y mi madre podrían estar ahí.
Ambos echaron nuevamente a correr alcanzando en pocos minutos al grupo de supervivientes.
- ¡MADRE! ¡MADRE!
Marie gritó y gritó y, del grupo de personas, una mujer salió corriendo hacia ellos.
- ¡MARIE! ¡HIJA!
Entre lágrimas, madre e hija se fundieron en un fuerte abrazo. Tras unos segundos, la madre de Marie vio que su hija tenía un acompañante.
- Oh, Eiden... ¡Cuánto me alegra que estés bien!
Eiden, que se había mantenido unos pasos atrás para no interrumpir aquel emotivo reencuentro, se dirigió hacia ella para saludarla y comprobar que no estuviera herida.
- No se preocupe por mí, Suzanne. Me tranquiliza ver que está a salvo.
Suzanne era una mujer adulta de oscuros cabellos y ojos marrones con un cuerpo fino y delicado. Su vestido negro, largo y elegante, estaba un poco sucio y rasgado por la parte inferior.
- Hemos salido de allí gracias a los chicos de la Academia... El fuego había rodeado la plaza y no sabíamos adónde ir. Ellos se dividieron en varios grupos y nos protegieron de las llamas hasta que escapamos del peligro.
Eiden miró hacia el resto de personas con las que Suzanne había huido, pero no distinguió a ninguno de sus compañeros.
- ¿Y ellos? ¿Dónde están?
La expresión de Suzanne cambió y, mirando hacia el pueblo, respondió:
- Ellos siguen ahí, Eiden. Después de salvarnos volvieron para rescatar a los niños del orfanato...
Esas palabras le habían llenado de orgullo, pero Eiden era consciente del enorme desafío al que se enfrentaban.
- ¡Pero eso es una locura! ¡Debo ir con ellos!
Sabiendo el destino que correría el chico si se adentraba entre las llamas, Suzanne trató de detenerlo.
- ¡NO SEAS TONTO!
Aquella brusca reacción detuvo por completo a Eiden, que se la quedó mirando en silencio. Al ver que podía hacerle entrar en razón, Suzanne le dijo emocionada:
- Tus compañeros han arriesgado sus vidas para protegernos, no pongas en peligro la tuya en vano...
Eiden sentía lástima por sus compañeros, pero entendía a Suzanne. El fuego se había extendido demasiado y acercarse al interior del pueblo era una temeridad. Con suerte, sus compañeros habrían logrado resguardarse en algún lugar que las llamas no pudieran devorar.
- Supongo que debo confiar en ellos...
Suzanne asintió y le dio una suave palmadita en el hombro.
- Elistard sabrá qué hacer. Si hemos sobrevivido ha sido gracias a su rápida reacción. Estoy segura de que salvará a esos niños y protegerá a todos tus compañeros.
Eiden conocía bien la capacidad de liderazgo de Elistard y sabía que, con él al mando, el éxito estaba casi asegurado. Sin embargo, la entrega de Elistard hacia su pueblo era total y absoluta, por lo que temía que se aventurara en algún peligro que le saliera demasiado caro.
- Eso espero... Él se convirtió en prefecto de la Academia por su tenacidad y valentía. Sé que haría lo que fuera por proteger a los demás y eso es precisamente lo que más me preocupa...
Suzanne también conocía a Elistard y entendía sus dudas, pero intentó tranquilizarle con unas palabras de ánimo.
- Tus amigos son héroes valientes igual que tú. Seguro que pronto volveréis a reuniros.
Extrañada de no verle con su hermana, Suzanne preguntó con preocupación:
- Y más importante... ¿Dónde está Alysa?
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CAPÍTULO 1 - LA GRADUACIÓN (IV)
Esa pregunta fue suficiente para que Eiden comprendiera la situación.
- Vaya... Entiendo que tampoco está aquí...
Eiden caminó hacia el resto de supervivientes y comenzó a hacerles preguntas sobre Alysa.
- ¡Eh! ¡Disculpad! ¿Alguien ha visto una chica con mi color de ojos y pelo? Es un poco más baja que yo y suele llevar dos coletas sujetadas con unos pañuelos morados muy llamativos...
Los supervivientes miraban al suelo y hacían un gesto de negación con la cabeza.
- ¡POR FAVOR! ¿ALGUIEN? ¡ES MI HERMANA!
Suzanne se acercó a Eiden y trató de calmarlo.
- Eiden, por favor... Esto es difícil para todos...
Marie también se acercó a él y lo arropó con sus delicados brazos mientras éste gritaba con desesperación. Sin embargo, Eiden no pensaba dar por perdida a su hermana y decidió que quería comprobar por sí mismo que Alysa no estaba en su casa.
- Me voy. No me sigas Marie.
Sin comprender las intenciones de Eiden, Marie preguntó:
- ¿Pero qué dices? ¿Dónde pretendes ir ahora?
Eiden, que ya había echado a correr, gritó:
- ¡A mi casa!
Marie echó un vistazo rápido en dirección a casa de Eiden y se dio cuenta de que el viento estaba extendiendo el incendio hacia allí.
- ¡NO, EIDEN! ¡EL FUEGO...
Marie miró a su madre con preocupación, pero ella ya había tomado una decisión.
- Lo siento madre, pero debo ir con él...
El corazón de Suzanne se aceleró sabiendo el riesgo que su hija correría si iba allí. Sin embargo, finalmente suspiró y, con una pequeña sonrisa, dijo:
- Claro, él es importante para ti, ¿verdad?
Marie asintió en silencio y, tras rápidamente despedirse de su madre, echó a correr siguiendo la estela de su desesperado amigo. Eiden no le había sacado demasiada ventaja, pero era incapaz de oír los gritos de la joven. Su mente estaba completamente nublada y simplemente corría sin ser consciente de que el fuego avanzaba en su misma dirección. Después de unos minutos, el chico finalmente vislumbró su casa a lo lejos e hizo un último esfuerzo esprintando hasta allí.
- ¡ALYSA! ¡ALYSA!
Eiden llegó rápidamente hasta la puerta, pero estaba tan nervioso que tuvo dificultades para introducir la llave en la cerradura. Cuando lo logró, empujó la puerta con fuerza y entró a la casa gritando el nombre de su hermana. Nadie respondía, y él estaba empezando a desesperarse.
- ¿DÓNDE ESTÁS? ¡SAL DE UNA VEZ!
Por mucho que insistía, la única voz que allí se oía era la suya. Primero miró en la habitación de Alysa, pero la joven no estaba allí. Sin embargo, algo le llamó la atención. Eiden inspeccionó a conciencia la habitación de su hermana, pero no logró encontrar nada que le sugiriera lo que había ocurrido allí. Cada vez más preocupado, se dirigió hacia el resto de habitaciones buscando alguna pista sobre el paradero de Alysa.
- Maldita sea. ¿Dónde se ha metido?
Cuando se dispuso a revisar la antigua habitación de sus padres, no necesitó más que cruzar el umbral de la puerta para darse cuenta de que había algo extraño:
- ¿La cama está movida?
Inmediatamente, Eiden centró su mirada en un par de candelabros fijados a la pared derecha de la habitación que estaban separados unos dos metros el uno del otro. La cama solía estar en medio de esa pared, quedando un candelabro a su izquierda y el otro a su derecha. Tras acercarse un poco, Eiden descubrió unas marcas en el suelo que le hicieron sospechar que la cama había sido retirada bruscamente.
- Esto no me gusta...
Sin embargo, no pudo continuar investigando lo ocurrido porque, de repente, escuchó que alguien entraba corriendo a la casa.
- ¿QUIÉN HAY AHÍ?
Poco después, Marie apareció frente a él claramente enfadada.
- ¡IDIOTA! ¡CÓMO SE TE OCURRE VENIR SIN PENSAR!
Eiden no había sido consciente de que Marie le había seguido, así que tardó unos segundos en reaccionar.
- ¿Qué haces aquí? ¡Te dije que no vinieras!
Marie, molesta con la actitud de Eiden después del esfuerzo que había hecho para llegar hasta allí, replicó:
- ¿Y dejarte morir? Estás tan cegado que no has visto que el fuego se dirige hacia aquí. ¡Si no nos damos prisa en salir pronto nos rodeará!
Eiden no hizo caso a sus palabras. Su única preocupación era descubrir el paradero de Alysa.
- ¡Solo un poco más! Tengo que seguir buscándola...
Resignada, Marie ofreció su ayuda a Eiden y removieron toda la casa en busca de algún rastro que su hermana hubiera dejado.
- Eiden... Es evidente que no está aquí y no nos queda tiempo...
Marie tenía razón. La prioridad en ese momento debía ser escapar de ahí. Eiden paró de buscar y, acompañado por Marie, se dirigió a la puerta para comprobar la situación en el exterior. Lamentablemente, ya era demasiado tarde.
- Te advertí de que el fuego estaba muy cerca... ¿Cómo vamos a salir de aquí?
Eiden trató de mantener la cabeza fría y se puso a caminar por el interior de la casa mientras pensaba. Nuevamente se detuvo frente a la habitación de sus padres y estuvo unos segundos mirando fijamente los candelabros de la pared. Viendo la calma de su amigo, Marie insistió:
- ¿Eiden? ¿Qué hacemos?
Tras volver en sí, Eiden suspiró profundamente y respondió con serenidad:
- No te preocupes. Te prometo que te sacaré de aquí.
Marie no entendía esa seguridad en sus palabras.
- ¿Acaso no ves el fuego acercarse? Ya no hay manera de salir...
Pese a aquella terrible adversidad y el pesimismo de su amiga, Eiden sabía que aún no estaba todo perdido.
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CAPÍTULO EXTRA 1 - EL AMANECER DE MARIE (I)
(17 de Mayo de 1674, 08:00)
Eran las ocho de la mañana pero la luz del Sol aún no iluminaba la habitación de Marie.
- ¡MARIE! ¡Ya son las ocho! Tu padre se ha ido hace rato y ya va siendo hora de que te levantes...
Metida bajo las sábanas, la joven no parecía tener ninguna intención de comenzar tan pronto el día.
- Déjame dormir cinco minutos más, madre...
Suzanne no comprendía como podía tener una hija tan perezosa, pero sabía bien cómo hacer que espabilase.
- Recuerda que hoy es la graduación de Eiden y probablemente vendrá al pueblo para los actos de la mañana. Estará triste si no te ve por la plaza...
De repente, Marie abrió los ojos y salió de la cama a toda velocidad.
- ¿¿¿Por qué no me has avisado antes???
Marie abrió la puerta de su habitación, saludó a su madre y corrió hacia el baño para comenzar a arreglarse. Suzanne, que aún estaba frente a la habitación de su hija, echó un vistazo al interior y suspiró con resignación al ver lo desordenada que la tenía.
- Como mínimo harás la cama antes de irte, ¿no?
En ese momento la única preocupación de Marie era estar lista a tiempo para los actos, de modo que ignoró la pregunta de su madre.
- ¡Sé que me has oído jovencita! Eiden se asustaría si viera tu habitación...
Con las mejillas un poco sonrojadas, Marie exclamó claramente avergonzada:
- ¡¡MADRE!!
Suzanne soltó una pequeña risa por la reacción de su hija. Como mínimo había conseguido sacarla de la cama y espabilarla, así que ahora lo mejor era dejarla hacer a su ritmo.
- Ya te dejo tranquila... ¡No te olvides de desayunar!
Marie ni siquiera había pensado en ello y, si iba justa de tiempo, estaba dispuesta a sacrificarlo. Es por eso que se limitó a responder bien alto lo que su madre querría oír.
- ¡SÍÍÍ!
Unos minutos después, Marie volvió a su habitación y abrió un voluminoso armario que se extendía casi de punta a punta de la pared.
- A ver, a ver... ¿Qué podría ponerme? ¿Algo elegante? Pero si lo es demasiado llamaría mucho la atención... ¿Algo más casual? No sé... Él irá tan guapo con su uniforme...
Marie se perdió unos segundos en sus pensamientos, pero pronto recuperó la conciencia.
- ¡No es momento para distraerme! Creo que elegiré...... ¡esto!
Marie escogió un bonito vestido largo de color blanco que combinaba a la perfección con el claro azul de sus ojos y su rubia melena. Después, se puso unos elegantes zapatos también blancos y volvió al baño para acabar de peinarse.
( . . . )
- ¡Marie! ¿Te falta mucho?
Suzanne quería ir pronto a la plaza para ayudar a los graduados con los preparativos y hablar con las vecinas del pueblo. Desde dentro del baño, Marie respondió:
- ¡Un poco!
Sin embargo, Suzanne sabía perfectamente lo mucho que su hija tardaba en prepararse.
- ¿Te importa si me adelanto y salgo ahora?
Marie, que seguía peinándose, respondió:
- ¡No pasa nada! ¡Ve, tranquila!
Suzanne respiró aliviada. Si la esperaba, temía incluso perderse el inicio de los actos.
- ¡Vale, hija! ¡Nos vemos después en la plaza!
Un rato después, Marie escuchó desde el baño cómo se cerraba la puerta de la calle. Su madre ya había salido y ella debía darse prisa si no quería llegar tarde.
Cuando por fin acabó de prepararse, se dirigió a la cocina y, sobre la mesa, encontró un vaso de leche con cacao, unas tostadas y un plato con frutas. Marie sonrió, contenta por el detalle que le había dejado su madre antes de irse, y se dispuso a desayunar.
- Si es que es la mejor...
Tras dar un último sorbo al vaso, Marie recogió rápidamente la mesa, fue al baño para cepillar sus dientes, y, finalmente, salió de su casa en dirección a la plaza.
- ¡Qué magnífico día! ¡Seguro que hoy todo será fantástico!
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CAPÍTULO EXTRA 1 - EL AMANECER DE MARIE (II)
Las calles tenían mucho más movimiento que el habitual y todo el mundo rebosaba alegría. Era un día especial para quienes se graduaban, pero también para los vecinos y vecinas de Börstad ya que gracias a ellos podían celebrar algo en su pequeño pueblo en decadencia. Cuanto más se acercaba a la plaza más jolgorio había.
- ¡Marie! ¡Aquí!
Entre la multitud, Marie escuchó a un chico que la llamaba mientras se acercaba a ella.
- ¡Oh! ¡Cuánto tiempo, Elistard!
Elistard justo había acabado de preparar las mesas del banquete que se celebraría tras la entrega de diplomas. Mientras colocaba la última silla vio a Marie y, con su habitual buena educación, quería saludarla igual que había hecho un rato antes con su madre.
- Buenos días, Marie. Hace un rato he visto a tu madre hablando con otras vecinas y me ha extrañado que no estuvieras con ella.
Marie no había sido consciente del tiempo dedicado a la elección del vestido y a su peinado, así que le supo un poco mal que su madre llevara tanto tiempo esperándola allí.
- Ya... Es que he estado un buen rato preparándome... Y tú, ¿llevas mucho por aquí?
Elistard sonrió orgulloso y, con mucha ilusión en su mirada, reconoció lo que todo el mundo ya podía imaginarse.
- La verdad es que sí. Estaba muy emocionado y no he podido contener las ganas de venir en cuanto ha salido el Sol.
Marie no se sorprendió lo más mínimo. Todo el pueblo sabía lo aplicado que era Elistard.
- Ya imagino. Sin embargo, se te ve cansado. ¿Estás bien?
Elistard no dudaba en ayudar a quien lo necesitase, así que, en realidad, no había parado ni un segundo desde que apareció por allí.
- Sí, sí... No te preocupes. Es que no podía quedarme mirando sin hacer nada y he estado ayudando con los preparativos. Hace un rato que han llegado la mayoría de mis compañeros y ahora quería aprovechar para descansar un poco hablando con ellos.
Los demás estaban en un rincón hablando de sus cosas apartados del jaleo. Era su día y, a diferencia de Elistard, no tenían ganas de enredarse con toda la faena que aquello significaba.
- Es verdad, ya les veo. Pues no te quedes aquí y disfruta con ellos, que hoy es vuestro día. ¡Incluso el señor Gälard ha venido para celebrarlo!
El señor Gälard solía ganarse la vida como pescador, pero ya era muy mayor y no podía navegar solo. Sin nuevos aprendices, sus días en el mar habían acabado.
- A mí también me ha sorprendido. Ese viejo cascarrabias apenas sale de su casa y casi nunca habla con otras personas.
Elistard se giró hacia él y gritó:
- ¡Señor Gälard! ¡Buenos días! ¡Nos alegra verle bien!
Al oír la voz del joven, el viejo Gälard les vio y alzó su brazo saludándoles con una tímida sonrisa.
- ¿Has visto, Marie? ¡Ha sonreído! ¡Jamás pensé que lo vería!
Marie conocía el pasado de aquel señor y, aunque entendía la reacción de Elistard, le reprendió por esas últimas palabras.
- ¡Qué tonto eres! Gälard es un buen hombre, pero pasó tanto tiempo en su barco alejado de otras personas que la soledad hizo mella en él.
Elistard apenas le conocía, pero sabía que la vida en el mar era dura y le respetaba por el arduo trabajo que había hecho años atrás proveyendo al pueblo de pescado.
- Tienes razón... Me alegra verle por aquí pasándolo bien.
Tras echar un vistazo rápido a los alrededores, Elistard se interesó por el paradero de su buen amigo y compañero:
- Por cierto, hay alguien que aún no ha aparecido. ¿Has visto a Eiden? Pensaba que vendría contigo.
Marie se mostró extrañada. Sabía lo mucho que Eiden esperaba ese día y estaba convencida de que, al igual que Elistard, habría aparecido por allí de buena mañana.
- Yo creía que ya estaría en la plaza. Me acercaré un momento a su casa a ver si le encuentro.
Elistard estaba un poco preocupado ya que en breve darían comienzo las actividades programadas y no le parecía normal que Eiden aún no se hubiera presentado en la plaza. Ya que Marie se había ofrecido a ir en su búsqueda, confió en que lograría traerlo a tiempo.
- ¡No tardéis! ¡Los actos empezarán pronto!
Marie se despidió de Elistard y dejó atrás la plaza caminando a paso ligero en dirección a casa de Eiden. Para ir más deprisa se metió en algunos callejones donde encontró algo inesperado que le llamó la atención.
- ¿Y estos barriles? Ya me he cruzado con varios montones y no recuerdo que días atrás estuvieran aquí. ¿Será algún tipo de sorpresa para la graduación?
Marie le quitó importancia al asunto y siguió caminando hasta salir del pueblo. La casa de Eiden estaba construida cerca del bosque y aún tuvo que caminar durante unos minutos hasta que se plantó a pocos metros de ella.
¡¡¡ BUUUM !!!
De repente, varios estallidos la detuvieron en seco atrayendo su atención hacia atrás.
- Fu... Fu... ¿Fuego?
Se estaban produciendo explosiones en distintos puntos del pueblo y el fuego se propagaba con rapidez por los alrededores. Instintivamente, Marie echó a correr sobre sus pasos, pero las llamas iban ganando terreno y sabía que sería peligroso acercarse allí ella sola.
- ¿Qué hago? ¿Qué hago?
Después de pensarlo unos segundos, Marie decidió que lo mejor era seguir con su plan de dirigirse a casa de Eiden.
- Eiden y Alysa viven muy apartados del pueblo. Debería avisarles del peligro y quizá puedan ayudarme...
Marie se armó de valor y, dejando atrás el incendio, corrió con todas sus fuerzas hasta llegar a su objetivo.
- ¡¡EIDEN!! ¡¡ALYSA!! ¡¡ABRID!!
Nadie respondía. La joven gritó y golpeó con insistencia la puerta de la casa, pero no parecía haber nadie allí.
- Pfff... ¿Dónde están?
El tiempo pasaba y la presión era cada vez mayor.
- Si no están aquí... ¿quizá en el bosque? Echaré un vistazo rápido y si no los encuentro volveré yo sola.
Marie pensó que lo mejor sería ir al lado oeste del bosque, ya que al estar más cerca del pueblo le sería más fácil regresar en caso de no encontrarles. De este modo, se adentró rápidamente entre los árboles gritando desesperadamente los nombres de un hermano y una hermana cuyos caminos acababan de separarse.
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INFORMACIÓN SOBRE LOS PERSONAJES
EIDEN
Sexo: Hombre.
Edad: 18
Gustos: Entrenar con la espada. Gatos.
Habilidades: Espada larga. Resistencia física.
Cumpleaños: 30 de Octubre.
ALYSA
Sexo: Mujer.
Edad: 20
Gustos: ?
Habilidades: Dagas. Inteligencia.
Cumpleaños: 14 de Diciembre.
MARIE
Sexo: Mujer.
Edad: 17
Gustos: Vestidos. Dormir. Comer. Eiden(?).
Habilidades: Ninguna.
Cumpleaños: 29 de Agosto.
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