La siguiente historia comienza en el año 1500...
Issel es una región en crisis y la mayoría de sus poblados se encuentran sumidos en la pobreza y el miedo. Esto se debe a que cierta organización saquea y aniquila prácticamente cualquier zona habitable que encuentre a su paso.
Pese a todo, hay personas que aún creen en la posibilidad de revertir esta situación tan grave. ¿Será posible salvar Issel o estamos ante el trágico final de esta región?
La decisión está en tus manos...
Era una soleada mañana de verano cuando un joven aventurero interesado en las antigüedades llegó a Issel tras un largo viaje. La situación en la región era complicada y numerosos peligros acechaban tras cada sombra, pero Elusio era veloz y diestro con las dagas, lo cual le había permitido enfrentarse con éxito a todas las amenazas con las que se había encontrado de camino allí.
Sin embargo, sus enfrentamientos con vulgares ladrones y bandidos inexpertos no tenían nada que ver con los poderosos enemigos que conspiraban contra el territorio y su gente ajenos al dolor y la sensación de inseguridad que provocaban sus viles actos.
Era su primer día en la región y, antes de llegar al pueblo más cercano, Elusio debía cruzar el extenso y frondoso Bosque Jobo, un lugar repleto de vegetación con un misterioso laberinto en su interior. Hacia el sur quedaba delimitado por un largo río en el que abundaban los peces, razón por la cual los antiguos habitantes de los pueblos cercanos fueron expertos pescadores cuyas capturas eran tanto su alimento como su forma de ganarse la vida. Ese río continuaba varios kilómetros hacia adelante llegando hasta Pueblo Ibino, el que sería la primera parada en el viaje de Elusio.
- ¡Qué cansado estoy!
El intrépido aventurero no había parado de caminar desde el amanecer y, aunque ya no faltaba demasiado para llegar a su destino, decidió permitirse un breve descanso bajo un árbol. La paz que se respiraba en aquel bosque, el silencio que todo lo cubría… Elusio comenzaba a sentirse algo somnoliento ya que no había dormido apenas esa noche y el lugar lo invitaba por completo a cerrar sus cansados ojos.
Sin embargo, desde hacía rato notaba una presencia que lo vigilaba con atención y no podía bajar la guardia. Tras inspeccionar sutilmente los alrededores durante unos segundos, Elusio vislumbró en un árbol la sombra de lo que parecía una persona escondida entre los arbustos.
- ¡Eh, tú! ¿Quién eres?
Las palabras de Elusio no causaron ningún efecto, pues nadie se mostró y todo permanecía en un silencio absoluto.
- Estaba caminando tranquilo por este bosque pero hace un rato he notado la presencia de alguien que me seguía. ¿Eras tú, verdad?
Tras esa acusación, los arbustos comenzaron a moverse y de entre ellos salió un joven alto y fuerte de oscuros cabellos que sonreía con sarcasmo mientras se acercaba a Elusio.
- Sí, te estaba siguiendo y al momento te diste cuenta de ello. Estoy realmente sorprendido.
Elusio estaba sorprendido por esa inesperada aparición y no estaba seguro de las intenciones de aquel chico, pero tampoco sentía que fuera una mala persona.
- (Parece un simple ladrón, seguramente habrá estado robando en algún pueblo cercano...)
Había oído decir que los pobres habitantes de Pueblo Ibino habían sufrido asaltos recientemente… ¿Sería él el responsable? Elusio vio que llevaba un arma envuelta en tela a su espalda y, por si acaso, lanzó una advertencia para disuadirle de un combate:
- Tendrás problemas si persigues así a todos los viajeros con los que te cruces...
Molesto con el tono de Elusio, el joven respondió con agresividad:
- ¡No es de tu incumbencia lo que yo haga! ¿Es que quieres probar el acero de mi lanza?
La situación se complicaba por momentos y las palabras se quedaban cortas para frenar la escalada de tensión entre ambos.
- No tenía pensado emplear más fuerza de la necesaria contigo, pero si insistes tendré que ponerme serio.
La calma que Elusio transmitía con sus palabras indignaba al joven, que sentía que lo estaba tratando como a un rival inferior.
- Tsk. Qué molesto... Si crees que puedes vencerme, adelante.
Ya no había vuelta atrás. El chico había comenzado a desenvolver su lanza y el combate empezaría en breve. Decidido a ganar, Elusio sacó las viejas y oxidadas dagas que tantas victorias le habían dado y respondió:
- De acuerdo, veamos quién es más fuerte.